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lunes, 3 de mayo de 2010

Playboy



Mis ropas parecían de pordiosero y cambiarlas fue lo primero que hice tan pronto tuve dinero (por desgracia hace no mucho tiempo). Entre los nuevos trapos que compré está esta playerita Playboy, bien a toda madre con su cuello en v, la tipografía original en color plateado, y hasta morras de comic retro dentro de cada letra. Y el concepto. Sólo piensen en el poder de la palabra playboy escrita en mi pecho en dinámicas de ligue. Nombre, seguro que con esto ya me convertía en Mauricio Garcés en portugués. Sea lo que sea, cumplía su función excepcionalmente bien: da de que hablar (y hasta para escribir). Y ahí andaba yo, trepando en la nube del pornstar en los revens, cuando comencé a escuchar la palabra playboy en el portugues coloquial de Sao Paulo. Se escucha por aquí y por allá. Básicamente un playboy, o playboizinho, es un fresa pendejo. Si, ni siquiera fresa sofisticado de la Condesa, y menos aún cliente del Bar Bar. Hagan de cuenta que tengo una playera con letras bien grandotas que dice pipope. Me urge llegar a otra cultura.

viernes, 23 de abril de 2010

En defensa del Speedo



A diferencia de muchos países en el mundo, aquí los hombres usan Speedos. Éstos trajes de baño -o sungas, como ellos les llaman- se asemejan a una trusa en su corte, estan hechos de licra y suelen ser algo ajustados. En Brasil las sungas no son una moda, son una tradición. Así como nosotros tenemos los trajes de china poblana y del istmo de Tehuantepec, aquí tienen esas madres y las tangas. De tal forma que usarlas es socialmente lo más normal, y existe un buen número de razones para esto.

Por un lado son inmensamente más cómodas. Al entrar al agua no flotan ni se menean; al salir no se embarran ni se repliegan mezcladas con un masacote de arena. Por otro lado, el material del que están hechas permite que sequen rápidamente. Pero sin lugar a dudas su mayor ventaja, por más narcisista que sea, es que permiten un bronceado parejo. Sin embargo el problema aquí no son las ventajas o desventajas técnicas del traje de baño; el problema es de otro tipo.

Muchos de sus detractores relatan en tono angustiado cuán espantoso les resulta la idea de que algún puto quede hipnotizado admirando su "paquete". Bien señores, las playas no están llenas de putos, salvo que busquen una intencionalmente. Están más llenas de mujeres que, en otras situaciones, llegan incluso a pagar dinero para ver a tíos usando éstos trajes de baño. Sin tomar en cuenta que la playa es de los pocos lugares donde hay muchas más mujeres que hombres, estos acomplejados se dedican con gran esmero a pensar en la minoría y no en la abrumadora mayoría. Lo mismo aplica para aquellos que expresan su profundo malestar por "tener que ver esas cosas" en un lugar público como la playa. Pues no señores, no se tienen que ver. Las ve el que quiere, sobre todo los que pierden interés en mirar mujeres en traje de baño.

Pero existe una subespecie de críticos de la sunga más divertida: la que hace de la excepción una generalización. Sí, aquellos que al escuchar un galope juran que se trata de un unicornio y no de un caballo. Ellos sostienen que sería terriblemente traumatizante ver a algún gordo de panza voraz en la playa usando un Speedo. Y vaya que lo sería. Pero un gordo como los que imaginan es igualmente grotesco en bermudas (es por eso que yo opino que los gordos de alto calibre sólo deberían ir a la playa en un traje para desarmar bombas como los que usan en Irak) o casi cualquier otra prenda de vestir. Y finalmente olvidan que el gordo monstruoso carente de todo sentido de estética y autocrítica es la excepción, no la regla.

A decir verdad, la razón verdadera de éste grupo de temerosos es mostrar a la gente que su bulto no es un bulto de cocos, sino uno de cacahuates. No usar una sunga simplemente evidencia que el sujeto efectivamente tiene (o cree tener) el pito chiquito. Lo peor del caso es que ni siquiera les importa que las mujeres hagan su propio juicio acerca del tamaño de su miembro, sino el juicio de sus compas, con quienes a diestra y siniestra, alardea de su godzilla, animalon o monstruote.

No sé si a dos semanas de irme de Brasil tenga sentido comprarme un Speedo, pero definitivamente hoy que vaya al centro comercial voy a ver precios ...

miércoles, 10 de febrero de 2010

el trauma Campos

Es el colmo de la nostalgia: estoy viendo el Sao Paulo-Monterrey en la tele. Lo peor es que con todo mi pesar estoy torciendo para el Monterrey, porque el Sao Paulo es básicamente su análogo y por ende me caga todavía más. Y neta no me puedo quitar de la mente que ya, ora si ya, estamos haaaaaartooooos de ... que los equipos mexicanos salgan con esas mamarrachadas de uniformes cual letrero ambulante. En serio que no puede ser. No mames, que pinche cultura "botarguera" del futbol tenemos. Y eso que no trajeron a los Jaguares de Chiapas o algún otro heredero de la moda Brodi. Seguro me van a mentar la madre, pero fuera de los Pumas, las Chivas y el América nunca ha existido el más mínimo autorespeto por la estética en los uniformes de futbol mexicanos. ¿Que pedo diseñadores, donde están?

Sombras y figuras

Desde que estoy aquí he convertido mis gafas oscuras en unos de mis accesorios favoritos. Ah si, porque el narcisismo a la de ahuevo de este país ya me llevó a comprar "accesorios" ... hazme el chingado favor. No los he perdido (siempre me pasa) porque no los compré: me los encontré, así que ahora están a prueba de olvidos y forevers como yo (cualquier suposición karmática acerca de esto no es mera coincidencia, es necedad mía). Pero no es porque se vean cool y me hagan parecer más interesante de lo que soy. Tampoco es que realmente tengan un uso práctico ante este sol de la rechingada. En el fondo, usar lentes oscuros me da una tranquilidad incomparable para ver culos y escotes fijamente durante un trayecto de autobús entero. Supondría que todo mundo los usa para esto. Mas yo los uso solamente para esto. Por desgracia aún tengo complejo de provinciano en eso de admirar la belleza femenina (total, soy de Chihuahua). O tal vez mi doble moral de la que obviamente reniego, no me permite aceptar lo vulgar y poco refinado que soy en estas cuestiones. Lo cual me confunde aún más: debería pavonearme de mi comportamiento infantil ante la genitalia femenina o sentir pena por él? Bueno, sea lo que sea ya tengo dos pares.

jueves, 4 de febrero de 2010

Palazuelos es mi amigo

Lo tengo que confesar. Me rasuré el pecho. Si, ya se: que puto. O peor aún, que metrosexual. Pero nadie puede negar que se ve más chingón. El que tenga una mata respetable tiene un punto a su favor, pero en lo que a mi respecta, nunca me gustaron mis pelos en las tetas. De hecho, no solo me he rasurado el pecho, mi barba pasó de lo hobo a lo chic. Soy más cuidadoso con mi corte de cabello y me baño más. La cultura de lo sexy aquí esta cabrona y no entrarle es como ir a una peda bajo antibióticos. La modita de chairo aquí no encaja, terminas más pareciéndote al Chivo que a Manu Chao. El look playero menos, los shorts y las chanclas son para los jodidos de Rio o los nacos de Australia. El paulistano es sofisticado, refinado, cosmopolita. Yo creo que le irían al América.